Cómo nació esta idea
Hace algunas semanas, el colegio comenzó con las obras para construir nuevas aulas. De un día para otro, aparecieron unas grandes planchas de madera que cerraron el patio del frente. Para muchos alumnos de 3.º A y B, fue un golpe: la luz del jardín desapareció, la vista hacia la calle se tapó y las sensaciones no tardaron en llegar.
“Nos encerraron”, “se ve todo oscuro”, “nos sacaron la luz”.
Esa mezcla de sorpresa y molestia era real, y había que escucharla.
Pero también podíamos hacer algo más: transformarla.
Buscar la manera de convertir ese problema en una oportunidad. Y fue ahí donde surgió una idea que, sin saberlo, iba a llenar de color y energía un espacio que había empezado como una queja: un concurso de murales.
Los protagonistas
Los verdaderos actores de esta historia fueron los alumnos de 2.º, 3.º y 4.º año. A ellos se los invitó a soñar, a diseñar, a dibujar, a proponer.
El Departamento de Estética asumió el rol de jurado, con una mirada amorosa y experta. Y, como varios trabajos incluían poesías y frases, se sumó también una profesora del área de Letras, para cuidar cada palabra.
Cuando las ideas empiezan a crecer
Durante una semana, los pasillos se llenaron de bocetos, charlas, ideas que iban y venían. Algunos equipos se formaron entre cursos distintos, otros entre amigos que nunca habían trabajado juntos.
En total, se recibieron 23 propuestas. ¡Veintitrés! Cada una diferente, cada una con algo para decir.
Finalmente, se eligieron seis, porque eran los espacios disponibles para muralizar. Seis trabajos, pero muchos corazones detrás.
Y no solo se trataba de pintar. La propuesta creció:
Los chicos prepararon sus propias pinturas en el laboratorio, en las clases de físico-química y química. También se usaron pinturas recicladas del colegio y otras que ellos mismos aportaron. Nada se desperdició, todo se transformó.
Manos a la obra
Durante una semana, el colegio fue taller, laboratorio, estudio de arte.
Los alumnos lijaron, enduyeron, prepararon fondos, mezclaron colores, corrigieron, borraron, volvieron a empezar. Luego llegó el momento de los trazos, las formas y finalmente… la magia: el color.
Los espacios que antes parecían fríos, oscuros y cerrados empezaron a llenarse de vida. Los chicos también.
Lo que realmente se aprende
En las fotos se los ve felices, concentrados, riéndose, discutiendo ideas, manchados de pintura… creando.
Y ese es el verdadero tesoro de este proyecto.
Porque más allá del resultado final —que es hermoso—, lo importante fue el camino:
- Aprendieron a trabajar en equipo de manera auténtica.
- Resolvieron problemas sin “manual”, de manera natural, casi espontánea.
- Mostraron creatividad, sensibilidad y un criterio sorprendente para decidir cómo seguir frente a cada obstáculo.
- Se apropiaron del espacio, lo transformaron y, en el proceso, también se transformaron un poco a ellos mismos.
Acompañarlos, verlos crecer, escuchar sus ideas y sostenerlos en este proceso fue, para quienes estuvimos ahí, profundamente emocionante y gratificante.
Este concurso no solo llenó de color unas paredes de madera.
Llenó de luz algo mucho más importante: la experiencia escolar de nuestros alumnos.
Así quedaron los murales



Los resultados finales de la votación
Los verdaderos actores de esta historia fueron los alumnos de 2.º, 3.º y 4.º año. A ellos se los invitó a soñar, a diseñar, a dibujar, a proponer.
El Departamento de Estética asumió el rol de jurado, con una mirada amorosa y experta. Y, como varios trabajos incluían poesías y frases, se sumó también una profesora del área de Letras, para cuidar cada palabra.
¿Cómo terminó todo?
Y después de tantos días de esfuerzo, creatividad y trabajo compartido, llegó el momento más esperado: reconocer a quienes, con sus propuestas, lograron conmover al jurado y a toda la comunidad. El 3.er puesto fue para Catalina Alfici (3.º A), cuyo trabajo se destacó por su sensibilidad y fuerza expresiva. El 2.º puesto lo obtuvo Josefina Zappa (3.º B), con un diseño lleno de imaginación y equilibrio. El 1.er puesto, finalmente, fue para Isabella Beyer (4.º B), cuya obra logró sintetizar belleza, intención y un profundo sentido artístico. Además, se otorgaron menciones especiales que reflejan otros talentos igualmente valiosos: Catalina Alfici (3.º A) recibió el Premio del Público, mientras que Nehuen González, Aitana Brollo y Luciana López Lanaro (2.º B) fueron distinguidos con el Premio de los Organizadores por su entrega y creatividad. Y nuevamente Catalina Alfici (3.º A) fue reconocida con el Premio al Diseño, demostrando un nivel artístico que sorprendió a todos. Cada uno de estos reconocimientos celebra no solo una obra, sino un proceso lleno de entusiasmo, aprendizaje y corazón.

